Artículo de opinión de IU Azuqueca.
Nos encontramos esta publicación casi a la par
de una entrada en mi blog y otra que tenia
preparada que dudo en que salga a la luz, el
motivo es que estoy seguro de que alguien va
a empezar a ver conspiraciones
"judeo-masonicas-leninistas-peperas-sindicalistas"
y así lo van a vender, no seria la primera vez
que el mundo esta en su contra, por lo tanto me
adelanto a la venta de ideas tergiversadoras y
proclamo que el problema es que lo que se
denuncia es cierto y lamento al tiempo que
agradezco escritos de opinión como este que vienen a apuntalar
y ratificar una mínima parte de lo que algunos estamos sufriendo
que podría ser peor ( cosa que nuestros ediles no dudan en
recordarnos un día si y otro también) y lo lamento en parte por que
nadie del PSOE se atreva a denunciar en términos parecidos , razón
tenia un compañero que desde dentro me decía que esto cada día
se parece (presuntamente,je,je) mas a una secta local que a un partido,
en fin una pena una tremenda pena pero lean damas y caballeros que no
tiene desperdicio.
Fuente pagina de Izquierda Unida de Azuqueca.
http://www.iuazuqueca.org
6 de mayo de 2013
Así se las gasta el gobierno de Bellido
En el gobierno del señor Bellido ocurren cosas inconcebibles, impropias de quienes se
consideran progresistas o de izquierdas o como quiera que se imaginen, de lo cual alardean
y mucho, aun cuando no lo sean porque, como decía aquel, por sus ramalazos los conoceréis.
La última, el exabrupto y la amenaza al comité de empresa proferidos por el concejal
de hacienda, al que le molestaba que al otro lado de la mesa hubiera un representante de
los trabajadores con el que no coincidía en opinión. Ya se sabe. En esta democracia que
soportamos no se puede ni opinar, aun cuando se haga con respeto, sin ofender, porque
hasta el poder institucional más humilde se ha arrogado el derecho, que no tiene, de limitar
la libertad de expresión del ciudadano.
El trabajador aludido decidió levantarse de la negociación para no perjudicar a sus
compañeros, lo cual no significa darle la razón a quien le amenazaba sino todo lo
contrario. Al irse, el trabajador ofendido realzó el engallamiento, el pavoneo, el topetazo
morueco del señor concejal, que a partir de ese momento quedó calificado por sí mismo y
para siempre con la mayor de las justicias.
Al gobierno del señor Bellido le incordia que le canten las cuarenta en las manifestaciones
obreras, recordándole que critica a la derecha lo que luego ejecuta en su casa. No se
puede vociferar contra las privatizaciones del PP y luego privatizar el servicio de electricidad
municipal, por ejemplo, utilizando encima los mismos lenguarajos que el señor Fernández-
Lasketty, personaje cuyo objetivo consiste en regalarle la sanidad madrileña a un grupo de
amigotes.
Los ciudadanos se manifiestan el primero de mayo y reivindican lo que les da la gana,
siempre y cuando lo hagan con respeto, porque razones no les faltan. Y si encima dicen la
verdad, lo que es el caso, deberían avergonzar al aludido. Pero no. El aludido, en este
caso el señor concejal de hacienda, acusado de privatizar el servicio municipal de
electricidad, cosa que ha hecho efectivamente, se ofusca y pide que se levante el
denunciante y si no que se suspenderán las negociaciones del convenio colectivo.
Pero quién es el señor concejal o nadie para amenazar a un comité de empresa porque
algunos de los trabajadores que lo forman no piensan como le gustaría al jefe. ¿Qué clase de
atributos deben pensar que tienen los que actúan así, negando la legitimidad a las personas
que les critican y con razón? ¿De que pata creen que descienden los que se permiten estos
excesos?
Si el PP privatiza, malo. Y cuando al acto de privatizar lo llama de otra manera con el fin
de taparlo, peor, porque encima busca el engaño. Pero cuando el señor Bellido aprueba
encomiendas de gestión y externalizaciones actúa de fábula, a favor del interés general, sin
privatizar, defendiendo lo público. Y si alguien se percata del engaño, además, se enfada.
Esto es como si el señor Bellido, con tal de reconocer que no ronca, se refiriese al acto de
roncar del siguiente modo poético, más fino, mandando encarcelar al poeta que le
compuso el verso por haber desvelado la idea que le subyace:
Mira cómo el breve nácar
de su boca, al viento manso,
cuanto en alientos le bebe,
suspira en ámbares castos.
Menos nácar, menos ámbares castos y menos ronquidos, querido señor Bellido