Siempre he pensado que un árbol merece una segunda vida cuando la enfermedad o el deterioro aconseja su tala, este hermoso ejemplar, igual que otros grandes álamos cercenados en pleno esplendor y salud ( plaza del Arenal, no hay quien me convenza de que era necesaria su tala, excepto por que sus hojas ensuciaban la piscina colindante). Pero este no es el caso aquí el amigo de hace décadas estaba enfermo y en un lugar muy frecuentado, pero se podía haber aprovechado para darle eso, una segunda vida y hacerle una escultura que nos recordase su antiguo esplendor.
Diario de un Sindicalista Torpe
Ayúdanos a difundir
Comparte esta entrada con otras personas
que pudiesen estar interesadas en recibir esta información



No hay comentarios:
Publicar un comentario