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sábado, 19 de marzo de 2016

Siro y Ron,

por Alba Velasco Bermejo - 19-03-16 

Fuente "El Heraldo del Henares"
Perros antidroga en Azuqueca: lo que pudo ser y no fue
Siro y Ron, dos olfatos privilegiados
    Crónica y fotografía de Alba Velasco Bermejo
   
    Se llama unidad cinológica al equipo formado por guías y perros al servicio de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad. Y eso es exactamente lo que son los policías Joaquín y Javier con sus perros, una unidad.
   
    Los dos agentes, junto a sus inseparables Siro y Ron, fueron las primeras unidades antidroga que se graduaron con la intención de trabajar en Azuqueca de Henares.
   
    Para la policía local es un ámbito recién descubierto, pues la mayoría de ellas han sido creadas en los últimos 5 años. Javier desde el principio estuvo interesado en el mundo de los perros, y a Joaquin no le desagradaban. Cuando surgió la ocasión de hacer el curso de guía cinológico, que pudieron conocer a través de otros compañeros, se informaron ellos mismos sobre cómo realizarlo.
   
    “Solicitamos autorización a la concejalía, hicimos un proyecto explicando cómo iba a ser el tema y, en un principio, le dieron el visto bueno, nos apoyaron”, cuentan.
   
    Sin embargo, para su desconcierto, de pronto, el Ayuntamiento decidió prescindir de ellos.
   
    “No sabemos en qué momento del curso fue, pero ha habido un cambio de planes y ya no les interesa”. Por razones desconocidas, al terminarlo nunca se les dio permiso para ejercer.
   
    Así pues, ellos iban a ser los primeros y los únicos efectivos de este tipo en Azuqueca, y no pudieron.
   
    La idea consensuada era tener dos perros operativos para prevenir el consumo y el pequeño tráfico de drogas en la vía pública, y colaborar en campañas para su prevención en colegios e institutos.
   
    Mediante la presencia disuasoria de los canes y las charlas informativas, los agentes aspiraban a convertirse en un nuevo recurso del municipio para combatir este problema social. Sin embargo, "nada de esto llegó a suceder debido a una decisión política".
   
    En sus horas libres, guías y perros acudían de lunes a viernes a formarse al curso, de unos 6 meses de duración, impartido por el Ejército de Tierra en Madrid, en el Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional, donde los cuatro obtuvieron el título correspondiente. Corría el año 2012.
   
    La historia de cómo llegaron a conocerse sus integrantes habla de cómo el talento puede esconderse en los rincones más humildes. Ron fue acogido por Joaquín tras haber sido abandonado con apenas 5 meses. Lo normal es que superen las pruebas de acceso con un año, pero este perro de aguas español fue un alumno precoz.
   
    “Le sacamos de la perrera y al día siguiente pasó las pruebas. Un perro extraordinario”. Siro, el pastor belga malinois de Javier, cuyo primer dueño no podía hacerse cargo de él, también dejó claro de inmediato que reunía todos los requisitos.
   
    Razas como el pastor belga y el pastor alemán quizás sean las que más familiares nos resultan, pues son las que principalmente se utilizan en la Guardia Civil y el Ejército. En la Policía Nacional es donde encontramos una mayor variedad de estirpes.
   
    Joaquín asegura que “cualquier perro puede valer para esto, no tiene por qué ser una raza específica”. Unidades cinológicas como la de Sabadell, que tiene un convenio con su perrera, entrenan a muchos perros distintos. Si resultan no ser válidos, se encargar de buscarle una familia desde allí. Pero entre los aceptados hay multitud de pelajes diferentes. Por lo visto, uno de sus mejores rastreadores es un cocker.
   
    Lo más corriente es probar 4 o 5 candidatos caninos hasta dar con uno apto para recibir el entrenamiento. Sin embargo, ambos aprobaron a la primera. “En eso hemos tenido mucha suerte”, reconocen, “porque los perros criados para esta clase de trabajos no siempre pasan las pruebas”. Y se venden a un precio considerable, “de 1.500 euros para arriba”.
   
    Existe una preferencia por los machos, debido a la incomodidad que pueda suponer el celo de la hembra si hay otros perros. No están castrados, pues la testosterona aumenta la intensidad de su energía, y el olfatear, cuando se hace miles de veces en apenas unos instantes, puede llegar a ser una tarea agotadora. Unos 20 minutos, como máximo, es el tiempo que su hocico puede funcionar a pleno rendimiento. Con descansos entre búsqueda y búsqueda, hay algunos con tanta resistencia que pueden mantenerse operativos unas 8 horas diarias, como los encargados de vigilar la frontera.
   
    En los efectivos humanos es imprescindible la actitud. Gran parte de la evaluación práctica a la que son sometidos se centra en la actitud que se mantiene hacia el can, que debe ser la apropiada para dejar que cumpla su cometido, pero siempre bajo control.
   
    Se trata, en definitiva, de ser capaz de hallar un equilibrio para guiarlo entre la obediencia de su instinto y la sumisión a su entrenador.
   
    Aparte de esta facultad, y de un nivel físico aceptable para poder manejar al animal, un guía debe poseer también una serie de recursos básicos. Los exámenes teóricos, nada fáciles, incluyen preguntas sobre conocimientos elementales en materia veterinaria.
   
    Con los militares, Joaquín y Javier se prepararon como uno más, al igual que otros muchos policías de otras muchas comunidades autónomas. Ambos recuerdan su etapa de formación como una experiencia positiva, en un ambiente de colaboración y compañerismo.
   
    En cuanto a los perros, iban en blanco y debían aprender todo desde el principio, el reto de una tabula rasa. Siro empezó a los dos años y medio y Ron a los nueve meses.
   
    Tuvieron que enfrentarse a retos para testar sus capacidades, entre las que se presta especial atención a su olfato, su concentración, su valentía y, sobre todo, sus ganas de jugar. Su habilidad para detectar olores debe sobresalir un poco por encima de la media, y se busca que sean muy activos y nada asustadizos.
   
    Las prácticas, se que realizan junto al agente, simulan un operativo en el que ambos deben adquirir experiencia de búsqueda en cualquier escenario. Diversos ruidos, superficies y alturas no suponen ningún problema para un perro antidroga, que evitará incluso distracciones como comida u otros perros, y se centrará solo en olfatear.
   
    No es una tarea sencilla, por lo que es relativamente frecuente que suspenda uno de los componentes del binomio y el otro apruebe.
   
    Pero, ¿cómo se enseña a un perro a buscar las drogas? Joaquín y Javier explican que hay distintos sistemas, pero más o menos todos coinciden en el método de la recompensa con un juguete, generalmente un mordedor, aunque a otros se les premia con comida.
   
    “El trabajo para ellos no es realmente un trabajo, sino un juego” nos cuenta Joaquín; por ello “el perro tiene que tener muchas ganas de jugar y mucho apego con su dueño, con su guía, un buen feeling”.
   
    Sus futuros compañeros de cuatro patas jugaban con el mordedor desde su más tierna juventud, para familiarizarse con él. Es a partir de los 8 o 9 meses cuando suele iniciarse el entrenamiento en detección de olores de drogas.
   
    Están adaptados al rastreo de olores de las drogas más populares, como el hachís y la marihuana, la cocaína o la heroína, aunque hay perros que pueden detectar olores tan esquivos y extraños como los de las drogas sintéticas.
   
     Actualmente, nada supera en su campo a la nariz del perro antidrogas, que es capaz de encontrar su objetivo por muy oculto que esté. Todos suelen ser multifunción, pueden encontrar varios tipos de estupefacientes.
   
    Se empieza por la búsqueda punto a punto, con objetos colocados en el suelo, después en fachadas, calles y parques, viviendas, locales, vehículos y personas. Para su aprendizaje emplean pseudosustancias o sustancias reales muy protegidas, pues el perro marca con el hocico y podría intoxicarse.
   
    Poder compenetrarse, entenderse y, en definitiva, saber “leer al perro” es fundamental, aunque no siempre el can convive con el policía. Lo más común en el ámbito local es que sí sea propiedad del guía, y que la estructura de la unidad cinológica sea fija.
   
    “Se crea más vínculo con el perro si está siempre contigo” dice Javier. Estos agentes creen que el animal tiene que hacer una vida normal, como la de cualquier otro, y rastrear cuando están de servicio. Nunca es necesario forzarles, porque “los perros están deseando trabajar”, y opinan que este es el sistema es más exitoso.
   
    Lo cierto es que la mayoría de estos cuerpos no tienen caniles y carecen de medios para mantener a estas unidades caninas. También hay que proporcionales ejercicio diario y entrenar constantemente para no olvidar los procedimientos en los días de libranza. Es conveniente mantenerlos en forma física para que resistan más en las búsquedas, y no dejar nunca de estimular sus capacidades.
   
    La norma, cuando el perro está en activo, es que todos los costes los pague el municipio: veterinario, seguros, comida... “Nosotros se lo hemos ofrecido al Ayuntamiento y ni pagando nosotros”, se quejan. “Les saldría a 0 euros”, sin ninguna distinción ni beneficio extra para ellos, pero, por motivos que no logran entender, rechazan cualquier oferta.
   
    Aseguran que el único partido político que ha apoyado esta iniciativa es Ciudadanos, que les pidió que asistieran a una jornada de recogida de alimentos para realizar una exhibición en público, de forma parecida a como hacen con algunas asociaciones.
   
    Además de colaborar con otras comisarías locales en casos reales de seguridad, Joaquín y Javier han cooperado ya en la enseñanza de hábitos saludables para niños con algunas organizaciones. Han estado en numerosas ciudades de España, como Barcelona, Huelva y Zaragoza.
   
    Incluso, y aunque no sean perros de ayuda como tal, han participado como perros de asistencia con personas con discapacidades, a las que sirven de estímulo y compañía, pues su entrenamiento es muy estricto y a la vez, se educan para ser muy sociables.
   
    Los perros rastreadores suelen jubilarse en torno a los 8 o 9 años de edad, aunque su vida física y operativa al parecer puede alargarse considerablemente en un hogar.
   
    De momento, Joaquín y Javier insisten en que las narices de Ron y Siro, ya con 4 y 6 años respectivamente, aún podrían prestar sus servicios en Azuqueca por una larga temporada.
   
    Tan preparados están los canes que durante su paseos habituales ya han detectado a varias personas desprevenidas mientras fumaban marihuana... y que, por estar los agentes fuera de su horario laboral, se han librado de multas de unos 600 euros.

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