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lunes, 30 de marzo de 2015

Los suicidios en silencio. 3.870.

MIEDO AL EFECTO ESPEJO

Suicidios, el tabú que existe.

Fuente "el estrella digital"

En nuestro país se registraron 3.870 fallecimientos de este tipo en 2013, más que en accidentes de tráfico, homicidios y accidentes laborales juntos. La Asociación de Investigación, Prevención e Intervención del Suicidio denuncian la escasez de medidas para su prevención

Imagen de archivo.

Imagen de archivo. 

En 1774 Johann Wolfgang von Goethe publicó ‘Las penas del joven Werther’. Una novela en la que el protagonista se enamora locamente de una mujer casada, once años mayor que él. Ante la imposibilidad de conseguir su amor, termina quitándose la vida.  

Fue tan popular esta novela, que muchas personas que estaban viviendo la misma situación que Werther decidieron poner fin a su vida, incluso imitando la metodología que empleó el joven en la novela. Fue tal la algarabía, que muchos gobiernos, como el de Alemania y Dinamarca, decidieron prohibirla. Ya a mediados del siglo XX el sociólogo David Philips llevó acabó un estudio. Analizó el diario The New York Times entre los años 1947 y 1968 y demostró que el número de suicidios se incrementaba en todo Estados Unidos al mes siguiente de que se publicara alguna noticia relacionada con el tema. Este fue el inicio, o lo que provocó la falsa correlación entre que una noticia de suicidios puede causar más, sobre todo por el modo en el que se cuenta esa noticia o cómo se defina al afectado. 

Si la noticia es incorrecta, puede provocar suicidios pero si es correcta y cumple los criterior que recomienda la OMS probablemente prevendrá sucidios
El problema surge cuando no se habla de este tema en ningún medio de comunicación y las autoridades político-sanitarias no tienen establecidas unas medidas claras para intentar prevenir estas conductas: “El problema se ha extrapolado y nos vamos al otro extremo.  

No se habla del tema del suicidio y por tanto las autoridades públicas no se preocupan. Éstos siguen aumentando y se hacen muy poco para intentar evitarlo”, explica Javier Jiménez, psicólogo y presidente de la Asociación de Investigación, Prevención e Intervención del Suicidio (AIPIS), la única que hay en España. De hecho en nuestro país se registraron en 2013 un total 3.870 fallecimientos de este tipo, más que en accidentes de tráfico, homicidios y accidentes laborales juntos.

En España no existen medidas de prevención para este tipo de conductas. Al no haber pruebas fehacientes de que cierta persona se ha quitado la vida (que se lo haya comentado a alguien o que haya dejado una carta de despedida por ejemplo), los médicos forenses, así como las comisiones judiciales que investigan el incidente determinan que ha sido un accidente: “Hay estudios que han ido comparando durante cinco años los datos del INE con los datos de los anatómicos forenses y te sale que aproximadamente cada año, los forenses dan 500 muertes más por este tipo”, aclara el presidente de AIPIS a EstrellaDigital.es.

Además no se abre ningún tipo de investigación para esclarecer las causas del fallecimiento. “Lo único que interesa es si ha sido homicidio o no. Lo que hay que investigar son los homicidios porque son los que alarman a la población. Los suicidios no alarman a nadie, sólo a sus familiares”, critica Jiménez.

Medidas para su erradicación

Una de las medidas que se pueden llevar a cabo es la centralización de protocolos: “Es necesario hacer programas de prevención pero a nivel nacional y de obligado cumplimiento. Por ejemplo, hay que determinar cuál es la población de riesgo. ¿Quiénes son esas personas? Las que ya han intentado suicidarse antes. Pues es necesario poner un programa de seguimiento a esas personas para controlarlas”, explica Jiménez.

A raíz del aumento de muertes de este tipo debido a la crisis económica, Rosa Díez, número uno de UPYD, instó al Congreso a que se desarrollara una ley de prevención del suicidio. Todos los partidos lo aprobaron. “Dos años y medio después no se ha hecho absolutamente nada que llegue verdaderamente a los afectados. Hay una comisión que está elaborando el borrador de la ley pero el problema es que como no se le dote de medios económicos y humanos no valdrá absolutamente para nada”, comentan desde AIPIS. En el año 2000, por ejemplo, se produjeron un total de 4.173 fallecidos en accidentes de tráfico. En 2014 la cifra bajó hasta 1.131. “Estos fallecidos se han disminuido porque ha habido medios económicos y humanos: mejores coches, mejores carreteras, el carnet por puntos…”.

Lo que no aceptan desde AIPIS es que los partidos políticos utilicen las muertes por suicidio como arma electoral. “Los partidos que no están en el poder siempre atacan al partido gobernante con el tema de los suicidios, da igual del partido que sea y eso es inadmisible”, relata Javier.
 

Las familias son las otras víctimas, los supervivientes

Los familiares son otro punto caliente. Personas que pierden a sus seres queridos sin ningún motivo y que en muchas ocasiones no conocen el tormento que vivía el familiar afectado. “No sé cómo pensaste que estaríamos mejor sin ti, lo siento, pero no estoy preparada para perdonarte, sé que me lo pediste, pero no puedo. Todos los días igual…por qué ¿¿¿por qué??? Todo tiene solución, todo,….menos la decisión que tú tomaste, sin tenernos en cuenta. Me duele en el alma tu dolor, lo que pudiste sentir para que esa fuera tu única salida, como sufrías así y yo no lo vi”, escribía una mujer cuyo marido había decidido quitarse la vida y que muestra “la desesperanza total” que sufren esos familiares que viven una situación como esta.

Sólo existe una asociación en España (aparte de AIPIS) que apoye a estas personas que han perdido al algún familiar. Se llama ‘Depres del suïcidi’ y su objetivo está claro: “Queremos romper el silencio que lo envuelve, que los sistemas de prevención mejoren y que las Administraciones dediquen mayores esfuerzos y recursos a la atención de los supervivientes”. El apoyo a estas personas es esencial, ya que una de las tendencias suicidas más usuales suele ser por la culpabilidad de que un familiar cercano se haya quitado la vida. “Todos los días pensaba en él, en mi padre, con la profunda pena y siempre la misma pregunta: ¿por qué te fuiste y me dejaste tan sola? Cuánto necesitaba de mi padre,  de su protección y desgraciadamente nada podía hacer, ya no estaba con nosotros”, relataba una mujer, 40 años después de haber perdido a su padre a la edad de 13 años. Por tanto, la atención a estas personas tiene que ser prioritaria y desde los estamentos públicos. No desde asociaciones sin ánimo de lucro.

Desde AIPIS dejan una cosa bastante clara: “Las personas que intentan suicidarse tienen visiones distorsionadas de la realidad. Piensan que vivirán toda su vida sufriendo, tal y como están viviendo ahora, pero no es real. Todos los suicidios, independientemente de la tipología, tienen un denominador común y es que piensan que están haciendo un bien a la familia. Pero eso es mentira, las familias sufren y mucho”.

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